Que la persona quiera irse antes de tiempo es frecuente, sobre todo en las primeras semanas, y no significa que el tratamiento haya fracasado. Cuando la internación es voluntaria, la persona puede pedir el alta, y ese pedido no se ignora ni se concede en automático: el equipo lo toma como material de trabajo, evalúa la situación y acompaña también a la familia. En Argentina todo esto ocurre dentro del marco de la Ley Nacional de Salud Mental, que establece a la internación como un recurso restrictivo y a la voluntariedad como regla.
Querer irse es parte del proceso, no una señal de fracaso
Casi todos los tratamientos atraviesan este momento. Suele aparecer en las primeras semanas, cuando pasó el impacto del ingreso y empieza la rutina real, y también más adelante, en etapas donde el trabajo se pone difícil.
Los motivos que la persona plantea pueden ser muy convincentes: que ya está bien, que ahí no la entienden, que puede seguir desde casa, que la familia la necesita. Detrás de esas razones suele haber algo más simple y más humano: la abstinencia, la angustia sin el recurso al que se acostumbró, y la distancia de lo conocido.
Que aparezca ese pedido no dice que el lugar esté mal ni que la decisión haya sido equivocada. Es un momento previsible del proceso, y los equipos lo esperan.
Qué hace el equipo cuando aparece el pedido
Un equipo profesional no responde ese planteo con una negativa seca ni con una salida inmediata. Lo trabaja: escucha qué está pasando, revisa cómo viene el proceso, evalúa el estado de salud y el riesgo involucrado, y conversa la situación con la persona.
En paralelo, se comunica con la familia. Ese es un punto clave, porque el pedido de irse suele llegar primero por un llamado desesperado a la casa, y la familia queda sola con una decisión que no le corresponde tomar sola.
El momento en que la persona pide irse suele ser, justamente, uno de los momentos más importantes del tratamiento. Se trabaja, no se resuelve de un portazo.
Por eso conviene preguntar, antes de cualquier ingreso, cómo actúa el centro en esta situación concreta. Es una de las preguntas que mejor distingue a un dispositivo con equipo profesional de uno que no lo tiene.
Qué marco legal rige en Argentina
Sin entrar en tecnicismos, hay algunos principios de la Ley Nacional de Salud Mental que conviene que la familia conozca:
- La internación se entiende como un recurso terapéutico restrictivo, que se indica cuando aporta más beneficios que el resto de las alternativas y por el tiempo más breve posible.
- La regla es la internación voluntaria, con consentimiento de la persona, que conserva sus derechos durante todo el proceso.
- La internación involuntaria es excepcional: procede cuando existe una situación de riesgo cierto e inminente para la persona o para terceros, requiere la evaluación de un equipo interdisciplinario y está sujeta a control judicial y a plazos de revisión.
- Ninguna de estas decisiones se toma por pedido de la familia: la evaluación es profesional y queda documentada.
Esto explica por qué ningún centro serio va a prometerle a una familia que va a retener a alguien indefinidamente. Si un lugar lo ofrece, esa promesa debería encender una alarma, no dar tranquilidad. Para la situación puntual de tu familiar, lo específico lo tiene que evaluar el equipo tratante.
El lugar de la familia en ese momento
Cuando llega el llamado pidiendo salir, la familia queda partida entre la culpa y el miedo. Y sea cual sea la respuesta que dé en ese instante, suele sentirse mal: si dice que no, se siente cruel; si dice que sí, siente que tira por la borda todo lo avanzado.
Hay algo que ayuda: esa conversación no tiene que resolverse ahí, en caliente y por teléfono. Lo que corresponde es escuchar, no discutir el fondo en ese momento y llevar el planteo al equipo, que tiene la información completa del proceso y la formación para trabajarlo.
La familia no está para hacer de terapeuta ni de guardiana. Está para sostener el vínculo mientras los profesionales sostienen el tratamiento. Esa división de tareas alivia bastante, y es también lo que permite que el vínculo no se rompa en el camino.
"¿Y si se va igual? ¿Se perdió todo?"
Puede pasar, y es importante decirlo sin dramatismo. A veces la persona interrumpe el tratamiento antes de lo indicado.
Eso no borra lo trabajado. Muchos procesos de recuperación no son una línea recta: incluyen interrupciones, intentos previos y regresos. Una internación interrumpida deja una experiencia, un vínculo con un equipo y una puerta que quedó abierta. En bastantes casos, quien vuelve más adelante lo hace desde una decisión más propia, y ese cambio pesa.
Si esto ya pasó en tu familia, no es el final del camino. Es información valiosa para pensar el próximo paso con más elementos que la primera vez.
Si estás atravesando esto ahora, escribinos
Si tu familiar está pidiendo irse, o si esta posibilidad es lo que te frena para consultar, podés escribirnos por WhatsApp y contarnos cómo es la situación. Podemos orientarte sobre cómo se trabaja este momento y qué alternativas existen, sin prometerte un resultado y sin que tengas que decidir nada en esa misma conversación.
Orientación general. Este contenido busca ayudarte a entender la situación y a decidir si corresponde consultar. No constituye diagnóstico, indicación de tratamiento ni asesoramiento legal, y no reemplaza la evaluación de un equipo profesional. Ante una urgencia médica, llamá al 107 o al 911.
Otras dudas sobre lo mismo
¿Lo pueden retener contra su voluntad?
En Argentina la regla es la internación voluntaria. La involuntaria es excepcional y procede solo ante una situación de riesgo cierto e inminente para la persona o para terceros, evaluada por un equipo interdisciplinario y con control judicial. No es una decisión que pueda pedir la familia ni que un centro pueda garantizar de antemano: siempre depende de una evaluación profesional del caso.
¿Qué hago si me llama pidiendo que lo saque?
Escuchá sin discutir el fondo del planteo en ese momento y sin comprometerte a una respuesta inmediata. Después, comunicá lo que pasó al equipo tratante, que tiene la información completa del proceso y las herramientas para trabajarlo. Esa llamada es esperable en muchos tratamientos y no significa por sí sola que el proceso esté yendo mal.
¿Se puede volver a internar después de un abandono?
Sí. Una interrupción no cierra la posibilidad de retomar. Lo que corresponde es una nueva evaluación profesional, que además puede aprovechar lo que se aprendió del intento anterior: qué funcionó, en qué momento apareció la dificultad y qué habría que reforzar. Muchos procesos de recuperación incluyen más de un intento antes de sostenerse.
¿Es normal que quiera irse en la primera semana?
Es muy frecuente. Los primeros días concentran la adaptación a un lugar nuevo, la distancia de lo conocido y el malestar propio del inicio, todo junto. Por eso muchos programas prevén un período de adaptación con acompañamiento reforzado. Que aparezca ese pedido no anticipa cómo va a seguir el tratamiento ni indica que el lugar esté equivocado.
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